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¿YA HICISTE LA TAREA?
Así como el deber del maestro es preparar su clase, de igual manera el deber del alumno es hacer la tarea. Sin esa doble responsabilidad no puede haber una buena relación pedagógica.

Cuando un alumno hace la tarea, cuando se enfrenta a aquella actividad que el maestro ha pensado, lo que en verdad sucede es que tiene la oportunidad para tomar su palabra, para adueñarse particularmente de su aprendizaje. La tarea es el momento en que el estudiante se apodera de su propio proceso, dice o expresa cómo ha tenido sentido para él un tema, una teoría, un procedimiento.

La tarea, refrenda o confirma mi verdadero aprendizaje, me hace descubrir en la propia carne, como lo que en una primera instancia, parecía asimilado o de fácil entendimiento, cuando lo llevo al lugar de la tarea, evidencio la insuficiente interpretación de un proceso o la complejidad de un concepto.

La tarea sirve de mediación para la retroalimentación, para devolverle el turno al maestro. A través de la tarea, en la corrección que se hace de ella, el educador recupera otra vez su envestidura de enseñante. El beneficio, en este caso, está asociado a propiciar el diálogo, la conversación.

Lo valioso de la tarea es lo que acaece mientras la hace o la realiza. La tarea, aunque se le presenta al maestro es para el estudiante.

La tarea es una mediación para aprender, más que un fin en sí mismo. A través de la tarea el estudiante puede autoevaluarse. De alguna forma, toda tarea nos obliga, nos pone en la zona de acabar de aprender. La tarea ayuda a superar lo que aún nos falta por aprender, aquellos aspectos en los que seguimos atorados o en dimensiones que nos imposibilitan avanzar en nuestro desarrollo humano.
Mejorar la calidad de la educación implica un cambio de paradigma, tanto en la concepción del tipo de conocimiento que los establecimientos educativos deben entregar a sus estudiantes, como en la forma de ver y practicar la pedagogía; y esto se convierte en un desafío para hacer efectivo el cambio de modelo intelectual, conductista, transmisionista y reproductor de conocimientos simples y acabados, propio del modelo explicativo positivista, por un modelo educativo de formación integral del estudiante en el conocimiento abierto al cambio, a la comprensión de fenómenos, a la crítica, a la valoración, a los sentimientos y a las acciones.
Héctor G. Fernández (Plan de Mejoramiento)
El saber, más que un cúmulo de certezas y de informaciones, es fundamentalmente una actitud. Una actitud que permite aprovechar la información para llegar a nuevas conclusiones, aprovechar unas nociones para intentar nuevas respuestas, utilizar un conjunto de conquistas técnicas para proponer nuevos desafíos.

Es natural que el estudio sirva para fines pragmáticos, pero tradicionalmente la educación se propuso la formación total de los individuos; no sólo la transmisión de destrezas y de conocimientos teóricos, de información y de datos especializados, sino la formación del carácter, el fortalecimiento de la voluntad, la generación de conductas ciudadanas, la responsabilidad social y la ética personal.
William Ospina (La Escuela de la Noche)
   Fernando Vásquez R. (Educar con Maestría)
 
Cuanto más amemos a nuestros estudiantes, tanto más desearemos que aprovechen nuestras explicaciones y, en consecuencia, tanto más empeño pondremos en enseñarles lo que necesitan.
San Agustín